Su historia se remonta a 1868, año de su fundación. Cuatro años más tarde, se inauguró en el mismo lugar que ocupa hoy día, en la antigua calle Cruz (antes de que las calles de la ciudad fueran numeradas de acuerdo a los puntos cardinales como Nueva York y Viña del Mar) y con 500 socios.

Desde su génesis se creó y desarrolló la costumbre de pasar horas en sus salones disfrutando del juego, reuniones, la comida abundante y la recreación.

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El escritor talquino Oscar Pinochet de la Barra describía: “Los diversos salones del club rivalizaban en confort y agrado: el salón de lectura, con los diarios del país y cantidad de libros en sus estantes; la sala de tertulia, donde un retrato de Francisco Bilbao introducía la nota revolucionaria y librepensadora; así como un enorme desnudo femenino, en otro salón, se ponía a tono con el nivel picante de las conversaciones; el salón de billares, el bar, el comedor y, desde luego, la enorme sala de baccarat, rocambor y malilla, con chimenea de mármol de colores, en cuyas llamas, en los inviernos húmedos de esas tierras bajas, daban deseos de sobarse las manos, mientras el mayordomo del fundo, con su manta de castilla pasada de agua, esperaba órdenes en el pasillo. Si el viajero tenía buenas amistades podía asomarse a este ambiente, en el que reinaba la atracción del tapete verde”

En 1875, con la llegada del tren a la urbe y el cierre del Café Santo Domingo, creció aún más la necesidad de reunirse en él. Ese mismo año, la inauguración del Teatro Municipal generaba una polémica al interior del Club ya que los socios no se ponían de acuerdo si inaugurarlo con una ópera o una zarzuela.

Dentro de los hitos memorables que  han sucedido durante la existencia del club, cuenta que en sus salones de formó y organizó el Regimiento de Talca, el mismo que marchó al Norte durante la guerra con Bolivia y Perú. Candidaturas parlamentarias y también presidenciales se forjaron en sus salones. En sus mesas de billar los socios observaron los planos del  proyecto del ferrocarril de Talca a Constitución.

En 1880 sus socios participaron activamente en la formación del Batallón Talca, y ese mismo año la oficialidad del Batallón Cívico ofreció un banquete de despedida a su comandante -e intendente- José Ignacio Vergara Urzúa (nombrado teniente coronel el 28 de febrero de 1879).

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En 1886, recibió en sus salones a la diva Sarah Bernardth, quien realizaba una gira por América y muy pocas capitales del mundo pudieron pagar sus altos honorarios. La Diva, actuó en el tablado del Teatro Municipal la noche del 5 y 6 de noviembre con las obras “Fédora” y “La Dame aux Camelias”, respectivamente. Para el Club fue un alto riesgo económico afrontar ese desafío, ya que algunos socios debieron depositar fianzas en oro para lograr su objetivo.

El 18 de noviembre de 1890 la Municipalidad de Talca nombró a Víctor Silva Cienfuegos -uno de los socios fundadores del Club- presidente de la Comisión Presupuesto para que concluyera el Obelisco a la Legión Talquina (Alameda con 1 Oriente).

Durante la Revolución de 1891 el Club se dividió, en quienes apoyaban al presidente Balmaceda y en quienes se le oponían. Además, se expulsó de sus salones al oficial del Regimiento Coraceros, Manuel Tomás Vargas, por lanzar una carga de caballería contra ciudadanos indefensos y perseguir a jóvenes que gritaban consignas contrarias al régimen.

El Club Talca ejerció gran influencia en el progreso regional: impulsando el ferrocarril de Talca a San Clemente, la feria de 1905, antecesora de la Fital; tomó las riendas en lo que fue una ardua tarea humanitaria durante el terremoto de 1928 y apoyó en la organización del hospital de la ciudad, en la primera mitad del siglo XX y acogió con igual respeto al presidente Arturo Alessandri y a Pedro Aguirre Cerda.

En la década de 1940, se instaló la estatua “Quimera”, réplica del original del escultor nacional Nicanor Plaza, monumento gestionado por Rotary Club Talca y emplazado en el antejardín del Club.

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